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lunes, 1 de diciembre de 2014

Por Jessica Cueto


Nuestros cabellos son una muestra de resistencia al sistema, y detrás de su belleza majestuosa que hace coronas, es importante saber el por qué de sus características. El cabello negroide o afro es característicamente rizado como consecuencia de la adaptación a los climas cálidos, permitiendo la circulación del aire con mayor facilidad, refrigerando la cabeza y evitando que alcance temperaturas peligrosas para el ser humano. Así vemos como nuestros cabellos son herencia ancestral, hermosa herencia que al liberarnos del yugo del blanquecimiento, exaltamos y reivindicamos al tiempo que sonreímos siendo y mostrando nuestro verdadero ser.
Aquí  unos tips para el cuidado de nuestros cabellos, mediante rituales amorosos que enaltecen nuestra afrofemenidad.

1.      Usa tus dedos
A diferencia de la creencia popular, los cabellos afro generalmente con finos y tienden a partirse fácilmente si los maltratamos. Al desenredarlo con los dedos y peines de dientes gruesos evitamos el fracturar la hebra, además de ser un ritual de amor a nuestros cabellos y a nuestra afrofemenidad.


2.      Cubre tu cabello
Nuestros cabellos son naturalmente resecos, por lo que el conservar la hidratación es una tarea que dará sus frutos en un cabello saludablemente hermoso. Al dormir cubre tu cabello o almohada con una funda sedosa, que al contrario del algodón no absorben los aceites naturales del cabello, evitando el friz matutino.

3.      No sulfatos, no champú
Los sulfatos contenidos en champús son los que al producir la espuma dejan al cabello libre de sus aceites naturales y artificiales, dejándolo sumamente reseco. Al utilizar champús sin sulfatos, evitamos esta sensación; el problema es que muchos champús aún sin sulfatos dejan nuestros cabellos con la sensación de resequedad, por lo que existe hoy en día un movimiento que cobra cada vez mas adeptas y es el régimen no-poo (no champú). Este consiste en limpiarnos el cabello con productos alternativos que no resequen nuestra hebra. Existen variadas opciones (co-wash, vinagre de manzana y bicarbonato de sodio, entre otros), que personalmente recomiendo, ya que limpian a profundidad el cabello y lo dejan manejable. La cuestión es que este régimen debe ir de la mano con la NO utilización de siliconas, ya que éstas al ser de origen mineral (petróleo) es posible removerlas sólo con los productos detergentes contenidos en champús. Si aún decides lavar tu cabello con champú elige los libres de sulfatos y que contengan productos humectantes.

4.      Hidrátalo
Nuestros cabellos aman el agua, y mientras más expuesto estén a ella mejor se sentirán, este es un principio que nos choca mucho a las negras, debido a la costumbre de no mojarnos el cabello por el secado y el desriz, y hasta el mito de que el exceso de humedad pudre el cabello. Humedecer nuestros cabellos con atomizador varias veces al día, aplicarnos acondicionadores sin enjuague (que no contenga Hidróxido de Sodio), así como aplicar hidrataciones profundas cuando el cabello lo pide, son hábitos que el cabello agradece.


5.      Sella la hidratación
Nuestros cabellos tienden a perder la humedad rápidamente y volver a su estado de resequedad fácilmente. Por lo que aplicar aceites o mantecas preferiblemente  naturales, luego de un acondicionador sin enjuague, sella la humedad contenida en la hebra del cabello, lo que lo mantiene por más tiempo hidratado.

6.      ¡Desenrédalo!
Un hecho sin lugar a duda es que mientras más días dure tu cabello afro sin ser desenredado, mas rebelde se pone y más lo maltratas en el proceso. Así que define una rutina donde mínimo dos o tres veces por semana lo desenredes. No olvides hacerlo utilizando toda el agua, aceites y el acondicionador necesario para no quebrar las hebras del cabello, utilizando tus dedos o peine de dientes gruesos, dividiéndolo por partes para ayudarte, y si prefieres al finalizar péinate con moños, twist o trenzas para proteger y mantener tu cabello sin enredos.

7.      Elige lo natural
A pesar de lo difícil que es llevar un régimen natural, esta es la manera de lograr un cabello saludable. Los sulfatos, las siliconas, parabenos y el sin fin de productos químicos que se han creado para el "manejo" de nuestros cabellos, lo maltratan y deforman. Evita los champús que resecan nuestra hebra, y elige acondicionadores sin siliconas, ya que estos cubren y sellan la hebra del cabello con derivados del petróleo, resecando y bloqueando la hidratación del mismo; péinate con gel de linaza, aplica aceites naturales para el sellado de la hidratación, e hidrata profundamente con productos naturales como aguacate, coco, plátano, huevo. Además de ser mucho más económico que los productos comerciales, son rituales orgánicos de amor con excelentes resultados en la salud y apariencia del cabello negroide.

8.      Diviértete
La sociedad aún asume que nuestros cabellos son feos e inapropiados, por lo que en muchos casos nuestra autoestima es afectada, desencadenando en una relación de más odio que amor con nuestros cabellos. Peinándolo de formas divertidas, utilizando accesorios, bandanas, pañoletas, de colores y tamaños variados, le damos un vuelco a ese prejuicio y hacemos ver nuestra afrofemenidad hermosa y contrarrestamos preconceptos errados, ganando adeptas a esta forma de llevar la negritud con hermoso orgullo.

9.      Trátalo con cariño
Me refiero a cuando lo toques; no lo maltrates, masajéalo, péinalo y juega con él desde el amor. Al lavarlo distribuye el producto de tu preferencia con agua desde la raíz, masajeando con los dedos (no las uñas) el cuero cabelludos, llevando el producto suavemente sin maltratar ni romper la hebra, hasta las puntas. Al desenredarlo y peinarlo evita romperlo, separa los nudos que se creen, ve de puntas a raíz y sepáralo en partes para mejores resultados. Al secarlo no restriegues la toalla contra el cabello, puedes sacar el exceso de agua exprimiéndolo sutilmente con las manos, o secarlo utilizando una camiseta vieja o toalla de microfibra ya que absorben el agua sin ocasionar las puntas dañadas y el frizz de frotarlo con toallas convencionales. Por último evita peinarte, desenredarte o lavarte el cabello apurada o molesta, permítete un espacio de amor con tu cabello.

10.  Estilos protectores
Son esos peinados que nos hacían de niñas, las trenzas, los twist o rollitos, los moños,  entre otros; que permiten agrupar nuestro cabello protegiéndolo de los agentes externos que lo perjudican, además de constituir peinados al tenerlos y al deshacerlos, ya que definen un patrón de rizo muy bonito. Los estilos protectores son trenzas que en termino general, se hacen separando el cabello y trenzándolas o enrollándolas en dos o tres partes. Para mejores resultados y no maltratar la hebra, al hacer los estilos protectores el cabello debe estar húmedo y con algún producto hidratante sin enjuague. Se deben deshacer con las manos preferiblemente, previamente frotadas con el aceite de tu preferencia, evitando así el friz, y al terminar puedes seguir separando el cabello y peinarlo con los dedos hasta obtener el aspecto deseado.


Les recomiendo además revisen los links de abajo, ahí hay mucha más información sobre el cuidado de nuestros cabellos hermosamente negros.


Fotografía 1: https: stephafromio.blogspot.com/
Fotografía 2: sidibeauty.blogspot.com
Fotografías 3 y 4: www.pinterest.com


miércoles, 17 de septiembre de 2014

No me llame negro, dígame afrodescendiente. No me diga afrodescendiente, llámeme negro.

Por Esther Pineda
Publicado originalmente en http://estherpinedag.com/

El ser es lo que los hombres hablan” (Gorgias), es decir, a partir del lenguaje se construye y deconstruye al ser social; de su nominación dependerá su visibilidad y reconocimiento, de su omisión o nominación descalificada su invisibilización y exclusión.
Sin duda, los europeos herederos de una tradición filosófica, bien lo comprendieron, pues efectivamente asumieron que mediante la asignación de un lenguaje discriminatorio seria posible institucionalizar, transmitir y mantener el racismo.
En este contexto el lenguaje sin duda se constituyó como un elemento significativo en el proceso de construcción de una sociedad jerarquizada, instaurándose como elemento de fomento, legitimación e institucionalización de las desigualdades.
De este modo el término “negro/negra”, fue empleado para denominar a las personas africanas secuestradas y esclavizadas, como a sus descendientes (afrodescendientes) nacidos en territorio americano; no obstante, dicha nominación cumpliría una clara y definida función social, la cual seria: diferenciar a todo individuo no europeo, descalificarlo y subordinarlo por el color de su piel.
Así, “Lo negro” fue asociado al mutismo, la invisibilidad, la ignorancia, a la noche y en consecuencia a la oscuridad, como lugar por naturaleza inhóspito, desolado, desapacible y lleno de vicios, en efectiva contraposición a lo blanco.
Por ello, no es azaroso que en nuestro lenguaje cotidiano y representaciones icnográficas, “lo negro” se encuentre estrechamente asociado a tipificaciones envilecedoras, vinculado a lo malo, la desgracia, la desdicha, lo perjudicial. El mercado negro (contrabando, venta, distribución o intercambio clandestino e ilegal de bienes y servicios), el jueves negro (desplome de la bolsa de valores de nueva york), humor negro (satirización de situaciones sociales oscuras, dolorosas, polémicas), un futuro negro, gato negro (símbolo de mala suerte), dinero negro (aquel proveniente de actividades delictivas), magia negra (brujería), entre otros; los cuales son solo una muestra del carácter significantemente vilipendiado de la negritud.
No obstante, el término “negro”, por si mismo, no posee una carga negativa o degradante del sujeto social, por el contrario, sería en el contexto antes descrito donde le fueron atribuidas significaciones negativas y peyorativas sobre la negritud. Por ello se hace necesaria la rigurosa diferenciación entre los contenidos simbólicos, como así mismo, la efectiva y eficiente distinción entre las designaciones del sistema racista, pues sin duda no será lo mismo “negro” que “negreado”.
El ser “negreado”, sin duda constituye un acto de diferenciación violenta y excluyente, sin embargo, pese a la injerencia, penetración, e intentos de desarticulación y erradicación de la cultura africana autóctona por parte del europeo esclavista, lo “negro” en nuestras sociedades latinoamericanas y caribeñas permitió la construcción de una identidad, fundamentada en la experiencia racializada común (la descendencia africana, el secuestro y movilización forzada, como su consecuente y aún vigente discriminación a través de la ideología racista).
Por ello debemos ser cautelosos (as) al plantearnos la supresión absoluta del término negro y su sustitución incuestionable por el término afrodescendiente, haciéndose necesario reflexionar si nos encontramos frente una diferenciación liberadora o una resignificación excluyente.
Los esfuerzos de los pensadores(as), lideres(sas) y movimientos afrodescendientes, deberán estar orientados a presentar a los actores sociales el origen de estos contenidos, sus significados, los contexto en los cuales surgieron y se han hecho manifiestos, su carga ideológica, a partir de lo cual este sujeto históricamente oprimido como también el tradicionalmente opresor comprenda la génesis de su situación y pertenencia de clase.
De este modo, la liberación del yugo colonizador que aún nos oprime solo será posible en la medida en que a los actores sociales les sean facilitadas las opciones y herramientas históricamente negadas; permitiendo que el sujeto se encuentre en capacidad de abordar su situación social específica y diferenciada; como además, establecer los criterios para la construcción de su historia, pensamiento e identidad, desde su experiencia, contextos y significaciones que le son cómodos y comunes.
Intentar imponer la afrodescendencia como identidad única y absoluta será un acto trasgresor, similar a la dinámica operativa del europeo esclavista y explotador, degenerando en la profundización de la situación de foráneo social de este grupo socialmente excluido y discriminado.
La afrodescendencia debe presentarse como una invitación, como llamado al conocimiento, la identificación y en consecuencia al autoreconocimiento. De lo contrario, la dignificación de la negritud y la descendencia africana habrá de convertirse en la tiranía de la afrodescendencia.

domingo, 31 de agosto de 2014

Feminismo Negro/Feminismo Afro-descendiente

Por Esther Pineda
Publicado originalmente en http://estherpinedag.com/

Cuando hablamos de feminismo en su forma abstracta y generalizadora, es habitual asociarlo a la defensa de los derechos de la mujer blanca, heterosexual, clase media; olvidamos los diversos matices que ha de tomar lo femenino, la pluralidad de mujeres, de sus historias, de sus culturas, de sus experiencias, y las posibles maneras en que habrá de expresar su sexualidad.
No existe solo un modelo de mujer, coexisten una infinidad de modos de ser mujer, de ejercer la feminidad y por tanto diversas formas de feminismo.
El feminismo no ha ni habrá de ser solo uno, su comprensión y manifestación en estos términos expresaría así un carácter reductívo, castrante, excluyente y arbitrariamente designado.
El feminismo tradicional se constituye como un feminismo invisibilizador de la mujer afro-descendiente, un feminismo que parece exaltar el proceso de sujeción y coerción a la que ha sido sometida la mujer blanca en nuestras sociedades, pero que a su vez habrá de obviar la explotación, relegación, esclavitud y sub valoración a la cual ha sido expuesta y sometida la mujer afro-descendiente en occidente.
En un continente donde “lo negro” ha sido asociado al mutismo, la invisibilidad, la ignorancia, a la noche y en consecuencia a la oscuridad como lugar por naturaleza inhóspito, desolado y lleno de vicios; se naturalizará la sumisión que le ha sido atribuida a la mujer afro-descendiente, y se le configurará como objeto cosificado de placer para y del hombre blanco, en el contexto de una estructura societal que históricamente la ha marginalizado mediante un constante proceso de exclusión, relegándola a un apartado y reducido espacio de la vida social.
La historia de la mujer afro-descendiente se ha definido de acuerdo a la triada de la opresión: capitalismo, patriarcado y racismo, todos en recíproco apoyo de su mantenimiento y legitimación, en correspondencia a los criterios de explotación, exclusión y apropiación de acuerdo a los que el sistema pre-configuró a la mujer como inferior a lo masculino, y a “lo negro” más aún por debajo de la condición de ser mujer.
Es por ello que la mujer afro-descendiente en nuestras sociedades será triplemente explotada, reducida y subordinada; no solo en relación al hombre, al hombre blanco, sino también a la mujer blanca.
Estará subordinada a la mujer blanca como consecuencia de que la mujer negra ha sido definida y se le exige autodefinirse a partir, y en relación al prototipo socialmente establecido de la mujer blanca, no encuentra una referente en si misma, pues todos los agentes socializadores a los que ha sido y es reiteradamente expuesta operan como socializadores del racismo.
Es por ello que sus posibilidades de ascenso social, familiar y personal estarán dispuestas por la efectiva adecuación de la mujer afro-descendiente a los rasgos físicos, gestuales, actitudinales y comportamentales de la mujer blanca.

Siendo entonces necesario descentralizar los modos en que estudiamos y cuestionamos el sexismo, dando espacio a su comprensión en relación a su presencia histórica y cultural; como asi mismo, redefiniendo la feminidad desde lo femenino, pero también una feminidad desde “lo negro” mismo.