miércoles, 2 de marzo de 2016

En TodaSana

Por Jessica Cueto



La playa, Todasana, un pueblito... Gente linda, gente negra. Descalzos, con cholas. Una visita a un pueblo de negros para reencontrarme con mi negritud, con mis abuelos, con mi gente.
Llegando temprano después de vivir el típico viacrucis de ir a la costa, con su respectivo pirata, 400 Bs hasta Todasana, el pasaje normal son 300. Con esa costa de litoral que te hace olvidar todo, el olor a Mar que se intensifica a medida que vas llegando, ya saliendo de la ciudad, de lo urbano, de lo turístico, ya estás en el pueblo. Que aunque no es mío, se siente como si lo fuera, porque crecí con eso, esperando vacaciones para ir al pueblo, el de los míos.
Al llegar pecamos de turistas, y de locales, compramos unos heladitos más que famosos, parada obligada del de aquí y del de allá. No había de auyama, pero de mango está bien. Hasta que caminas un poquito y ves que el cambio climático dio una sorpresa y mango es lo que sobra, hay demasiados, mango para todo mundo, mango por no dejar... Caminas y eliges, muerdes y dejas, agarras otro... demasiado mango. Aquí no hay crisis, ni colas, hay comida, sana y sabrosa comida, Mango!
Sin mucho dinero nos internamos en la montaña con los campesinos, que a pesar de la sequía siguen adelante, cuidando y trabando la tierra en la medida de lo posible. Comiendo lo que se consigue, con guarapito de malojillo pal desayuno, y yuca-apio para el almuerzo, bajando al río a bañarnos y a recoger agua potable en el pueblo. Limpiando el terreno machete en mano, ingeniándotelas para vivir de la tierra, esa que nos dijeron que era atraso y nos quitaron para imponernos a la ciudad come hombres.
Así despertamos con cantar de pájaros, y movidas de mata de monos que con los mangos se deleitaban, entre naturaleza y sol radiante. Para trabajar, para vivir, mientras la sonrisa se guarda bajo el sudor del trabajo reponedor de almas. Meditación necesaria, introspección obligada, en la Venezuela de colas y dólar a mercado "negro"; la alternativa ahí mismito, cerquita, a la distancia de mis abuelos, la solución que saltó una generación, la de mis padres, que por estudiar se lavaron el barro de los pies y se sacudieron la tierra de las manos, olvidando cuando es menguante y el significado de los bachacos. El pueblo, el conuco, el pescado salado, los mangos y la jalea, lo orgánico, sustentable, ecológico, lo económico, lo negro...

La crisis muestra sus alternativas; ya no mas televisores Haier, ni carros regalados, ya no mas barril de petróleo a 100$, ya no mas opulencia, ya no más. Ahora nos tocan las verdes, las difíciles, las creativas e ingeniosas, las bonitas, las reales, las que importan. Y esta me reencuentra cada vez más con lo que soy, con mi identidad, con mi sonrisa, la de mis padres y la de mis abuelos; la que no tenía excusas, y simplemente era.  Así que busquemos, desde lo negro, lo mujer, desde el pobre, campesino, busquemos las alternativas que la crisis nos muestra, para crecer, cuando de verdad cuenta, en la adversidad.

viernes, 21 de agosto de 2015

Role Models y lo afro

Por Jessica Cueto

Corinne Bailey en la Alfombra Roja
Corinne Bailey Rae es una cantante y compositora inglesa, de unos treinta y tantos años, que puede catalogarse dentro del género musical del jazz... La brevísima reseña es porque creo que fue gracias a ella que por primera vez consideré llevar mi cabello natural, generando a modo de broma el ideal de verme como ella. Apenas hace unos días caí en cuenta de ello, y vi reflejado en mi experiencia personal lo importante y trascendental que pueden ser los medios y la publicidad en la aceptación y disfrute de nuestra negritud.
Caratula Álbum
Una tipa tan hermosa y genial como Corinne Bayle llevaba una especie de afro pequeño, peinado en bucles en la caratula de su primer álbum, cuando para mí la búsqueda de la identidad y el rollo afro no estaban concientizados; solo me gustó su look, tanto como me podía gustar el de cualquier otra famosa, pero casualmente, o no, esta artista era negra, sembrando en mi una semillita de autoreconocimiento y reencuentro con mi propia belleza que poco después dio sus frutos.
Y viendo en retrospectiva, ¿cuántas negras hermosas se pueden ver a diario, cuantas mujeres afrodescendientes tienen la capacidad mediática para ejercer influencia y considerarse role model? ¿Y esta cantidad puede compararse con la cantidad de mujeres blancas (no negras o indígenas) que se muestran diariamente en nuestros televisores, vallas y revistas? Lamentablemente NO.
Sabemos que el racismo es la razón de esto, y su lógica que trabaja detrás de la industria del entretenimiento.  Pero no debemos descansar en cuanto a la mediática de las mujeres afrodescendientes, porque como fue mi caso, es una ventana que a muchas puede traernos del lado del orgullo negro.

Fuente:
imagen 1: www.pinterest.com
imagen 2: wikipedia.org


viernes, 31 de julio de 2015

Sororidad en Venezuela

Por Jessica Cueto

En Venezuela las mujeres somos todos los días protagonistas de nuestra historia, criamos amamos y trabajamos todos los días sin descanso y sin quejarnos. Aquí en Venezuela ser macho es ser mujer. Pero resulta que no vivimos en el país más igualitario del mundo, aún existen prejuicios y las mujeres no estamos a la par de los varones.
Me atrevo a decir que somos un país machista, donde la sororidad (solidaridad y concordia entre mujeres, que implica un reconocimiento mutuo, plural y colectivo) parece un mito. Cada una jalando para su lado, compitiendo en todo, sin dejar para más nadie. Por ejemplo al ceder el asiento en autobús o metro; es casi imposible pensar que una mujeres ceda el puesto a otra, así la ultima esté llena de canas y arrugas o a punto de dar a luz. Todas con actitud de " yo también soy mujer", voltean la vista, esperando que algún ausente caballero ceda el puesto... y así mujeres que ocupan un pasillo con niños en brazos o ancianas, esperan su parada de pie para seguir la jornada.
No entendemos a la otra, no queremos hacerlo, nuestro derecho y beneficio sobrepasa cualquier otro, hasta de nuestras iguales. Somos un país de mujeres que no respetan a las mujeres, con un machismo inoculado sin siquiera saberlo. Y para mi es obvio a quién beneficia tal falta de sororidad... no a nosotras.
La lucha por la igualdad de género no es una lucha de varones, es de todxs, y en Venezuela la presencia femenina es contundente, ejercemos cargos en diferentes niveles, privados y públicos, somos madres, somos trabajadoras, profesionales y obreras ¿entonces porqué aún no estamos a la par?
Personalmente creo que un punto crucial es la sororidad, ya que mientras trabaja  la lógica patriarcal limitamos el avance de las nuestras, evitando la construcción de una sociedad más igualitaria.


Fuentes imagen: https://enjusticiaglobal.wordpress.com

martes, 19 de mayo de 2015

A orillas del mar

Por Jessica Cueto


A orillas del mar, una casucha con patio de arena y paredes de tabla... Alta por los calores y pequeña por la pobreza. Allí vivía una familia constituida por una madre, un padre y dos o tres hijas, siempre rodeados de gente; la abuela, los tíos, los vecinos de toda la vida... Alegría con sonido de tambor y salsa nunca faltaron en la casa.
Una de las niñas tenía problemas, siempre triste, siempre encerrada en su cuarto... Estaba enferma. No se sabía con exactitud su padecimiento, pero la preocupación de toda la familia se dirigía hacia ella.
Los negros cumplían rituales, donde la alegría era parte... Cantos, danzas, fuego y viento. Todo era parte de la adoración al Dios que todo lo sabe y todo lo ve, el que daría respuestas a sus plegarias, el que calmaría el espíritu de aquella niña. No era un Dios católico, no se sostenía en sus culpas. Era un Dios de vida, que entendía, que gozaba.
En el patio central se elevaban llamaradas, que se avivaban con baile y tambores. La llama era grande pero nunca quemó nada. Tan cerca de la paja y tan respetuosa, era celebración y súplica.
Como en fiesta de pueblo, la comunidad participaba en la tarima improvisada, con cantos y bailes. El público se entretuvo al ver al padre en la percusión, mientras una de las hijas vestida de gala, con gracia incomparable, movía su vestido al son del tambor. Ambos con fuerza, ambos con amor... Las pisadas y golpeteos en sincronía perfecta, mientras la llama avivaba al colectivo eufórico...
Repentinamente el vestido de la niña empezó a responder con brotes de candela, al son de sus movimientos cada vez más vigorosos. ¡Fuego... fuego! La gente cantaba al  mismo son mientras seguían bailando.
Al finalizar, en calma post-orgásmica quedaron todos sudados, todos con alegría... Eran parte de la danza con fuego, del gozo y la euforia.
Repentinamente de manera fulminante se prendió la casa, llamaradas inmensas naranjas rojizas inundaron la pieza. El silencio atónito de la multitud, miraba la llama que inmensa y viva acababa con todo. Imposibilitados para entrar, la niña que nunca salía quedó adentro, atrapada por la candela, sin que nadie pudiera hacer nada.
FIN


Imagen: Playa de Macuto, 1940. Armando Reverón. Disponible en: http://www.elcambur.com.ve

lunes, 23 de marzo de 2015

Michelle Obama

Por Jessica Cueto

Hace unos días fue despedido tras 17 años de trabajo en la cadena televisiva Univisión, el venezolano Rodner Figueroa, luego de hacer un comentario de esos que parecen inofensivos y jocosos, le dijo simia a la Primera Dama de los Estados Unidos.
Y no lo culpo, Rodner fue eco de un chiste viejo, ya que es costumbre en estas tierras llamar mono a una persona negra, hecho evidentemente racista, pero que por común y “gracioso” pasa por debajo de la mesa…. Hasta que se meten con la esposa de Obama.
Aquí en Venezuela han sido incontables los insultos racistas asociados a funcionarios gubernamentales, un ejemplo es el de Arístobulo Istúriz, el cual más de una vez ha sido públicamente comparado con un mono, cosa que a más de uno partió de la risa.
Pero llegó un venezolano, acostumbrado a burlarse de todo lo que su historia lo hace rechazar, y se metió con la única negra que podía dolerle a alguien, Michelle Obama.
El racismo del que hacemos eco con nuestra “idiosincrasia” no es menos racismo, ni menos ofensivo. Es resultado de la historia de discriminación, “blanqueamientos”, y vergüenza étnica que llevamos a cuestas.

Por otra parte la acción de despedir a un venezolano homosexual, de una cadena de televisión latina, supuestamente por su comentario racista, más que un acto de justicia, me da un poco de risa por lo hipócrita del acto en sí. En Estados Unidos policías matan a negros a la luz del día y bajo las cámaras de aficionados, para luego salir libres. Así que si ellos quisieran hacer verdadera justicia, lo harían en esos términos, no bajo reflectores.
Personalmente estoy de acuerdo con que se castiguen actos racistas en cualquier parte del mundo y cualquiera que fuese la circunstancia, pero no a través el show mediático, que pareciera ser el modo de actuar en la administración Obama.

Fotografía 1: heavy.com
Fotografía 2: nbcnews.com


domingo, 22 de febrero de 2015

¿La racista soy yo?

Por Jessica Cueto

 Cada vez más perturbada con todas las desigualdades que observo y vivo, camino buscando más razones para sentirme lo que soy, y enorgullecerme de ello, caminar con la frente en alto, siendo negra, siendo mujer. Pero nunca falta la persona que se incomoda, que se perturba, no por las desigualdades, sino por las igualdades. Y hasta saltan con la bandera de “auto-racismo”, un concepto que a duras penas entiendo, y se supone ser una especie de auto exclusión de los negros, es decir no hay racismo ahí afuera, es pura imaginación, y los verdaderamente racistas, somos nosotros, al defender y promover nuestras raíces, nuestra negritud.
Así que imagino si la cosa fuera al contario… ¿Cómo se vería? Imagínenselo…
Una chica de rasgos caucásicos, justificando el comportamiento de su cabello… -Es que no se levanta, el crece hacia abajo…- O explicando en tono jactancioso, que sus labios gruesos se deben a que su tataratatara abuelo era originario de Guinea Ecuatorial.
Zutana diciéndote lo lindo que será Fulano por sus rasgos afro, a pesar de su blanca piel. Mientras en vulgar actitud comenta lo bien “dotado” que debe estar Perencejo, solo porque es blanco.
Un autobús lleno de gente, que comienza a bajarse por el “sospecho” aspecto de dos jóvenes blancos.
O una disputa laboral por el despido injustificado de una persona de rasgos caucásicos, por el aspecto “poco profesional” de su cabello natural…
El hecho de que estas situaciones sean exclusivas de negros deja en evidencia el problema racial que vive nuestra sociedad.
El racismo no es una manera de ver las cosas, no es un fantasma ni creación de los mismos afro/negros, el racismo es una realidad que nos golpea la cara todos los días, es el prejuicio, el maltrato, la vergüenza, y el conformismo… Es el desprecio a la diversidad de la que somos parte como latinoamericanos, y que por siglos nos han hecho renegar.
Levantar la voz en lugar de hacernos observadores inertes de las desigualdades, dejándonos cargar en el carril del racismo y endoracismo, no es resentimiento, y mucho menos “auto-racismo”, es hacer visible lo incorrecto y actuar acorde con lo que somos en realidad.
Por último debo aclarar que no existe endoracismo sin racismo. Si una persona no es discriminada por su raza, nunca se sentirá menos como para renegar de sus orígenes.

Fuente de imagen: symonsez.wordpress.com

martes, 20 de enero de 2015

Crónica de la negrita pelo malo en una peluquería caraqueña

Por Jessica Cueto
Después de repasar en Pinterest ese afro perfectamente contestatario y fashion, que mantuviera el largo que tanto le había costado, se fue la negrita en búsqueda de su peluquería.
Prevenida por las tantas veces que fue maltratada, llegó a un Sandro solicitando a una peluquera que supiera manejar rizos, y que entendiera su decisión de llevar el cabello natural.
Así saltó una chica, mulatosa, negra clara con cabello corto y liso, fingiendo que entendía su solicitud.
Al lavarle el cabello la peluquera tomó su cabeza  y como si se le fuera la vida en ello, le restregó como un coleto, afincada y  en todas las direcciones. Al intentar detenerla solo le dió “tips” para el cuidado de su cabello -Que tienes que peinarte para abajo, que te lo seques antes de aplicar crema, que restriégate aquí, que jálate allá…- La mujer se despepitó en un sinfín de incoherencias con respecto al cabello afro, quizás por asumir que el aspecto natural de la negrita obedecía al descuido.
Después de enjuagar el champú, aplicó acondicionador y empezó a masacrarle el cabello, desenredando de raíz a puntas el enredo causado por el terrible lavado, sin compasión, jalando y templando…
La negrita pensaba -Por qué a las chicas blancas nunca le jalan el cabello, ellas se quejan profundamente de un simple tirón… En cambio yo, negra, nunca pude quejarme de los templones de cabello.-
Pero es que el pelo malo es fuerte, duro… Ahí no hay hebras partidas, ni cuero cabelludo o cuello lastimado… Ese no le duele a nadie.  
Antes del corte, la negrita suplicando ser escuchada, explicó el comportamiento de su cabello… -No me lo dejes como una choza- le dijo, -córtamelo en capas, para que me quede redondito-. Pero la peluquera hizo lo que quiso.
Terminó por cortarle el cabello parejo, es decir, corto abajo y largo arriba… Para luego con el difusor aplicarle calor, porque según la peluquera, el cabello no se puede dejar mojado…
Y todo bajo los ojos críticos y avergonzados del resto de peluqueras, que le daban  excelentes consejos… -Aplícale una queratina, un desriz suave… Sécale el cabello…-
Al terminar, la negrita quedó con el cabello como una choza y alborotado como nunca, sin un rizo definido y sintiéndose profundamente irrespetada, menospreciada y maltratada por el hecho de querer y tener su cabello natural.
Cuando llegó a casa, la negrita tuvo que lavarse la cabeza, por la cantidad de productos que en el empeño de estilizarle el cabello, le habían aplicado… Lacas, ceras, geles. Se lavó el cabello, y con un wash and go intentó salir a la calle con lo que resultó ser, todo, menos un afro.
La negrita que tan orgullosa está de su pelo malo, de ahí en adelante no ha podido sacar de su cabeza un turbante, ya que con su mal corte de cabello, las sirvientas de la belleza la sacaron del juego.

Fuentes:
Imágen 2: https://es.pinterest.com/

lunes, 22 de diciembre de 2014

Esa Negritud

Por Verónica Sequera



Caderas,
anchas
    dibujadas como pinceladas de dioses
se mueven, sutiles entre los tambores que resuenan a lo lejos
gritando el dolor, dolores por ser propiedad de otrxs.

Te azotaron, flagelando emociones
    solo gritabas la incertidumbre, por ser de ellxs.

Pero ellos quieren,
desearon, y ahora desean
tus pezones negros
    negros como el carbón.
    duros, la divinidad hecha carne.

Piel,
tocada y llena de gracia
es todo un despropósito para los cobardes,
esos que fueron blancos
convertidos en pardos que no entienden de tristezas.

¿Conociste alguna vez el respeto trastocado por la otredad que mereces?

Esto negro que huele a sangre,
a dolor
Alza la mirada entre rostros desafiantes
grita y es ahora hecho mujer
    Mujer que muestra al mundo su identidad
    Mujer que se reconoce
con el pelo bien pegado al cráneo, olor a sol
con el movimiento fluido de sus caderas, como las olas del mar
y la piel tostada.

Ahora somos el sueño de poetas,
desgarrando pieles
amando y transpirando emociones
detrás una mirada, en medio de la nada
con el fluir de los ríos
y junto a las diosas de la mar.

martes, 9 de diciembre de 2014

Ni chicha...

Por Beatriz Aiffil
Publicado en Correo del Orinoco, Caracas, domingo 7 diciembre 2014


Acaban de asfixiar a uno y no en secreto. Con cámaras de por medio y con un consecuente: Lo volvería a hacer. Y la pregunta de las 4 mil lochas: ¿Sería por negro? Y la canción correspondiente: Mamita me va a matar con sus malos pensamientos, yo no sé pero yo presiento… Ah, y el juicio cuyo respectivo veredicto irrefutable será: Inocente policía. Claro, estaba en el ejercicio de sus funciones.
Los años 60 se llevaron a Malcolm X, a Luther King y a otras lideresas y líderes negros estadounidenses. Bueno, también a miles de héroes anónimos presentes en una historia tétrica de segregación, masacres y homicidios sin justicia objetiva.
Pero el siglo XXI trajo consigo a Barak Obama.
Y Obama trajo en su maleta el sueño de una nación unificada. Pero unificada bajo qué preceptos. Supusieron algunos optimistas que con Obama el camino de la integración estaría allanado. Pero hemos visto a los tipos del Ku Klux Klan vivitos y coleando, ni siquiera han cambiado el disfraz. Hemos visto a los policías actuar con impunidad. Y este año van por lo menos 2 signos inequívocos de que el racismo en EEUU no murió con la ascensión de Obama como presidente de la potencia más poderosa del mundo. Valga la redundancia de la potencia poderosa pues no la afectan las 7 potencias.
Eso sí, ya Harry Belafonte está viejito y se acaba de morir Amiri Baraka. Queda Amina Baraka pero hay cada vez más Condoleezzas. No sabemos qué extraños efectos tiene el comer, respirar, caminar dentro de la barriga de semejante monstruo. Así que nos hermanamos con los afroestadounidenses con reservas porque al fin y al cabo son estadounidenses, padres de un proyecto de dominación global, y nunca se sabe…


Obama, insisto, es una construcción por no decir aberración. Se le imposibilita mentalmente una identificación genuina con nuestra problemática. Alguien escribía por ahí que Barak Obama no se puede comparar con Mandela porque su biografía no está conectada con las luchas de liberación africana y contra el racismo; ni con Toussaint L´Ouverture porque tampoco está conectada con la lucha de los descendientes de esclavos en América y el Caribe. Mejor in-comparación imposible. Dos jefes de gobierno que nada que ver con el que le tocó a la nación negra estadounidense. No es negro políticamente hablando ni lo que se ha dado en llamar afrodescendiente. Simplemente su piel es negra y es hijo de un afro. Más allá, no pidan peras…

lunes, 1 de diciembre de 2014

Por Jessica Cueto


Nuestros cabellos son una muestra de resistencia al sistema, y detrás de su belleza majestuosa que hace coronas, es importante saber el por qué de sus características. El cabello negroide o afro es característicamente rizado como consecuencia de la adaptación a los climas cálidos, permitiendo la circulación del aire con mayor facilidad, refrigerando la cabeza y evitando que alcance temperaturas peligrosas para el ser humano. Así vemos como nuestros cabellos son herencia ancestral, hermosa herencia que al liberarnos del yugo del blanquecimiento, exaltamos y reivindicamos al tiempo que sonreímos siendo y mostrando nuestro verdadero ser.
Aquí  unos tips para el cuidado de nuestros cabellos, mediante rituales amorosos que enaltecen nuestra afrofemenidad.

1.      Usa tus dedos
A diferencia de la creencia popular, los cabellos afro generalmente con finos y tienden a partirse fácilmente si los maltratamos. Al desenredarlo con los dedos y peines de dientes gruesos evitamos el fracturar la hebra, además de ser un ritual de amor a nuestros cabellos y a nuestra afrofemenidad.


2.      Cubre tu cabello
Nuestros cabellos son naturalmente resecos, por lo que el conservar la hidratación es una tarea que dará sus frutos en un cabello saludablemente hermoso. Al dormir cubre tu cabello o almohada con una funda sedosa, que al contrario del algodón no absorben los aceites naturales del cabello, evitando el friz matutino.

3.      No sulfatos, no champú
Los sulfatos contenidos en champús son los que al producir la espuma dejan al cabello libre de sus aceites naturales y artificiales, dejándolo sumamente reseco. Al utilizar champús sin sulfatos, evitamos esta sensación; el problema es que muchos champús aún sin sulfatos dejan nuestros cabellos con la sensación de resequedad, por lo que existe hoy en día un movimiento que cobra cada vez mas adeptas y es el régimen no-poo (no champú). Este consiste en limpiarnos el cabello con productos alternativos que no resequen nuestra hebra. Existen variadas opciones (co-wash, vinagre de manzana y bicarbonato de sodio, entre otros), que personalmente recomiendo, ya que limpian a profundidad el cabello y lo dejan manejable. La cuestión es que este régimen debe ir de la mano con la NO utilización de siliconas, ya que éstas al ser de origen mineral (petróleo) es posible removerlas sólo con los productos detergentes contenidos en champús. Si aún decides lavar tu cabello con champú elige los libres de sulfatos y que contengan productos humectantes.

4.      Hidrátalo
Nuestros cabellos aman el agua, y mientras más expuesto estén a ella mejor se sentirán, este es un principio que nos choca mucho a las negras, debido a la costumbre de no mojarnos el cabello por el secado y el desriz, y hasta el mito de que el exceso de humedad pudre el cabello. Humedecer nuestros cabellos con atomizador varias veces al día, aplicarnos acondicionadores sin enjuague (que no contenga Hidróxido de Sodio), así como aplicar hidrataciones profundas cuando el cabello lo pide, son hábitos que el cabello agradece.


5.      Sella la hidratación
Nuestros cabellos tienden a perder la humedad rápidamente y volver a su estado de resequedad fácilmente. Por lo que aplicar aceites o mantecas preferiblemente  naturales, luego de un acondicionador sin enjuague, sella la humedad contenida en la hebra del cabello, lo que lo mantiene por más tiempo hidratado.

6.      ¡Desenrédalo!
Un hecho sin lugar a duda es que mientras más días dure tu cabello afro sin ser desenredado, mas rebelde se pone y más lo maltratas en el proceso. Así que define una rutina donde mínimo dos o tres veces por semana lo desenredes. No olvides hacerlo utilizando toda el agua, aceites y el acondicionador necesario para no quebrar las hebras del cabello, utilizando tus dedos o peine de dientes gruesos, dividiéndolo por partes para ayudarte, y si prefieres al finalizar péinate con moños, twist o trenzas para proteger y mantener tu cabello sin enredos.

7.      Elige lo natural
A pesar de lo difícil que es llevar un régimen natural, esta es la manera de lograr un cabello saludable. Los sulfatos, las siliconas, parabenos y el sin fin de productos químicos que se han creado para el "manejo" de nuestros cabellos, lo maltratan y deforman. Evita los champús que resecan nuestra hebra, y elige acondicionadores sin siliconas, ya que estos cubren y sellan la hebra del cabello con derivados del petróleo, resecando y bloqueando la hidratación del mismo; péinate con gel de linaza, aplica aceites naturales para el sellado de la hidratación, e hidrata profundamente con productos naturales como aguacate, coco, plátano, huevo. Además de ser mucho más económico que los productos comerciales, son rituales orgánicos de amor con excelentes resultados en la salud y apariencia del cabello negroide.

8.      Diviértete
La sociedad aún asume que nuestros cabellos son feos e inapropiados, por lo que en muchos casos nuestra autoestima es afectada, desencadenando en una relación de más odio que amor con nuestros cabellos. Peinándolo de formas divertidas, utilizando accesorios, bandanas, pañoletas, de colores y tamaños variados, le damos un vuelco a ese prejuicio y hacemos ver nuestra afrofemenidad hermosa y contrarrestamos preconceptos errados, ganando adeptas a esta forma de llevar la negritud con hermoso orgullo.

9.      Trátalo con cariño
Me refiero a cuando lo toques; no lo maltrates, masajéalo, péinalo y juega con él desde el amor. Al lavarlo distribuye el producto de tu preferencia con agua desde la raíz, masajeando con los dedos (no las uñas) el cuero cabelludos, llevando el producto suavemente sin maltratar ni romper la hebra, hasta las puntas. Al desenredarlo y peinarlo evita romperlo, separa los nudos que se creen, ve de puntas a raíz y sepáralo en partes para mejores resultados. Al secarlo no restriegues la toalla contra el cabello, puedes sacar el exceso de agua exprimiéndolo sutilmente con las manos, o secarlo utilizando una camiseta vieja o toalla de microfibra ya que absorben el agua sin ocasionar las puntas dañadas y el frizz de frotarlo con toallas convencionales. Por último evita peinarte, desenredarte o lavarte el cabello apurada o molesta, permítete un espacio de amor con tu cabello.

10.  Estilos protectores
Son esos peinados que nos hacían de niñas, las trenzas, los twist o rollitos, los moños,  entre otros; que permiten agrupar nuestro cabello protegiéndolo de los agentes externos que lo perjudican, además de constituir peinados al tenerlos y al deshacerlos, ya que definen un patrón de rizo muy bonito. Los estilos protectores son trenzas que en termino general, se hacen separando el cabello y trenzándolas o enrollándolas en dos o tres partes. Para mejores resultados y no maltratar la hebra, al hacer los estilos protectores el cabello debe estar húmedo y con algún producto hidratante sin enjuague. Se deben deshacer con las manos preferiblemente, previamente frotadas con el aceite de tu preferencia, evitando así el friz, y al terminar puedes seguir separando el cabello y peinarlo con los dedos hasta obtener el aspecto deseado.


Les recomiendo además revisen los links de abajo, ahí hay mucha más información sobre el cuidado de nuestros cabellos hermosamente negros.


Fotografía 1: https: stephafromio.blogspot.com/
Fotografía 2: sidibeauty.blogspot.com
Fotografías 3 y 4: www.pinterest.com


viernes, 24 de octubre de 2014

Este racismo nuestro

Por Jessica Cueto

Como negra venezolana, que ha vivido procesos sociopolíticos tan importantes como fue y sigue siendo la revolución bolivariana y chavista, no me escapo del análisis a lo interno y externo de nuestra posición en esta sociedad capitalista, patriarcal y racista, como es la venezolana. Intentaré explicar entonces, la sensación de ser negra y mujer en esta sociedad que niega ser racista y patriarcal, y que bajo la cara del racismo, endoracismo y misoginia no ha dudado en dejar claro mi lugar en ésta.
Entendiendo que el racismo es externo al grupo, mientras que el endoracismo es la internalización del racismo por el pueblo sometido, aceptando su autonegación; identificándose así, el colonizado con el colonizador.
Un racismo, frontal, y profundamente  hiriente lo experimenté a los 5 años, cuando otra niña, blanca, aclaró firmemente y sin tuteos que no jugaría conmigo por negra; eso me hizo tocar piso, y entender rápido que mi lugar como negra era distinto al de los blancos. Este no fue el primer episodio de racismo, ya en preescolar recuerdo, no tan traumáticamente, el que al jugar se me emparentaba casi inmediatamente con otro niño negro para hacer las veces de sirvientes, nunca los papás o los hijos.
Aclaro que mi lugar de crianza no fue en los Andes, o en el este del este de Caracas donde cuesta encontrar caras prietas, sino en el estado Vargas, costa litoralense, llena de negros, negras, morenos y un sin fin de mestizos.
Ya desde mi círculo familiar, a pesar de mostrar un marcado orgullo por la negritud de nuestra herencia, se mostraban rasgos endoracistas reservados a otros negros al que se les quisiera denigrar o "ubicar". Comentarios como, "negro y feo", "negrestín", "fondo 'e paila", "pelo malo", y aclaratorias con respecto a la estética, donde lo negro es feo, ordinario y pobre, convivían a la vez con un discurso de orgullo y resistencia afro.
Por otra parte están los negros que se asumen claramente menos por su condición étnica-cultural, buscando siempre hacia esa herencia blanca remanente en el mestizaje. La nariz fina, los labios no tan gruesos, el cabello "bueno", la piel clara, como también el deslinde de sus tradiciones originarias.
La sintesis de esto, desde mi perspectiva es mas abundante y agresiva; es el chiste que no termina de asumirse racista/endoracista, en cambio se ofende si se le enfrenta, quedando el ofendido como acomplejado. Y no se limita al negro, va también para el indígena, el pobre y para la mujer. Esta en apariencia no agrede al discriminado, sino que asume una posición implícita de menosprecio por la condición discriminada. Se dice tolerante, que no le importa el color de piel, cultura o género, pero no duda en desmeritar por estas condiciones. 

Un ejemplo que para mí lo resume, me ocurrió con unos conductores andinos con los que viajé desde Caracas al estado Mérida. En este recorrido pasamos por un reductor de velocidad donde estaba una chica morena, claramente de origen humilde, vendiendo café, a lo que a manera de chiste el conductor comentó con otros pasajeros -Diga un número, y se la gana-. Esto parecerá no ser necesariamente racista, clasista y misógino, pero algo se sentía en el tono "chistoso", además del hecho de que yo, mujer negra, nunca deje de ser para el chofer al momento de dirigirse hacia mí, "negrita", a diferencia del resto de los pasajeros que siendo blancos nunca fueron llamados "blanquitos". El conglomerado en su conversación nunca tuvo una actitud frontalmente racista, pero entre risas y chistes (de mal gusto), mostraban el menosprecio de lo negro, indígena y femenino.
Y este para mi es el mayor problema, porque que difícil es reclamar un derecho cuando no se ve violentado, y en cambio es ridiculizado.
Diariamente observo y vivo prejuicios que dejan en mal puesto la negritud, considerándola menos, intelectual, cultural, económica y estéticamente.
Consideraciones sin enfrentamiento donde una persona es fea por sus rasgos negros o indígenas, pero es considerada bella, por sus facciones blancas; presunciones de la condición delictiva de una persona por su color de piel y aspecto humilde; el asombro colectivo en la presencia de intelectualidades de etnia no blanca; las aseveraciones ciegas de flojera y suciedad, atribuidas a etnias indígenas y comunidades afrodescendientes; exotización de la cultura afro e indígena, haciéndola ajena y rara; reconocimiento por características negativas a comunidades afro e indígenas; preferencia por supuesta decisión personal, desligada del racismo, la socialización con personas blancas; divulgación a modo de chiste, clichés racistas, clasistas y misóginos.
Existen otras muchas formas de este racismo/endoracismo disfrazado, pero son en ocasiones tan sutiles, que el reclamo es más difícil que la complicidad. Debe haber una legitimación de la denuncia ante este tipo de hechos, que no por ser sutiles, son menos ofensivos.
Venezuela es un país pluricultural y multiétnico, lleno de culturas diversas, lo que detrás del título de mestizo ha sido utilizado para invisibilizarlas, quedando tácitamente resuelto la supremacía de lo blanco sobre lo negro e indígena, quedando grabado en nuestra conciencia colectiva.

Fotografía 1: nuestratierraabundante.weebly.com
Fotografía 2: aserne.blogspot.com